Tasría/Concebir…

Vayikrá/ Levítico 12:2 – 13:59

Este capítulo de la Torah nos habla sobre la afección de la piel conocida como «lepra» y qué la causa. La mayoría de la gente es cuidadosa con lo que entra en su boca, pero ¿cuántos somos cuidadosos de lo que sale de nuestra boca?… Lo que decimos puede ser tan negativo y destructivo para nuestra vida como la mala comida para nuestro cuerpo.

En arameo la palabra «lepra» se dice «tsaráat» y tiene relación con la negatividad verbal conocida como «mal de lengua o habla maliciosa» en arameo «lashón hará».

Pero la negatividad en el habla no se limita a lo que decimos como tal; también puede relacionarse con lo que no decimos, lo que escuchamos y con lo que no queremos escuchar.

«Recordemos que todo en el Universo es – equilibrio – y de eso se trata también la comunicación y el uso de nuestra palabra, la intensión con que la usamos y la consciencia con que lo hacemos»

La importancia de escuchar a los demás indiferentemente de que la gente tenga razón o no, es una responsabilidad.

De manera que entre el padecimiento de la lepra y el desequilibrio en la comunicación así como el mal uso de ello hay un vínculo, y para ser protegidos de la plaga e la lepra, debemos aprender a escuchar y no solamente a hablar, pero también será muy importante tener presente que hay momentos en los que debemos hablar y decir lo que se tiene que decir!

El Zóhar nos explica que con frecuencia, no es lo que decimos sino lo que no decimos lo que siembra la semilla de la negatividad, pues al callar, regularmente nos guardamos palabras de dolor o rencor y esto provoca odio en el corazón y si esto llega a pasar en nuestro interior, el daño está hecho indiferentemente de que hablemos o permanezcamos en silencio. Por lo tanto, cuando es momento de hablar, NO DEBEMOS QUEDARNOS CALLADOS, pues no sólo nos hacemos daño al guardar las palabras sino le hacemos daño a quien privamos de escucharlas.

Claro que esto no quiere decir que debemos ser reactivos y decir lo primero que se nos viene a la mente, pues no se trata de vomitar lo primero que al EGO se le antoje decir… Si estamos molestos, es importante dejar que pase un poco de tiempo antes de decidir actuar, así cuando hablemos, no solo liberaremos el dolor personal de forma proactiva, sino, más importante aún, seremos capaces de comunicarnos de forma asertiva.

Sobre la «plaga de la lepra» aprendemos que «plaga» significa «Juicio severo», lo que es equivalente a «apagar la luz» y sobre esto, la Kabbalah explica que lo que apagamos son las Sefirot del Árbol de la Vida personal y por consiguiente del mundo; y es así como los desequilibrios en el sistema Universal y en nuestro sistema de vida comienza a fallar, pues cabe recordar que las Sefirot tienen íntima relación con nuestro Sistema de Chakras. En el Zóhar la palabra lepra es definida como «cierre», que se refiere al cierre de las puertas del plano del 99%, fuente de la Luz que nos provee dicha, plenitud y realización duradera.

Cuando estas puertas se cierran, dejamos de tener «contacto» con la Luz, no podemos sentirla en nuestra vidas y esa es la relación que tiene con la piel… el sentir.

La lepra en realidad servía como una limpieza espiritual profunda que creaba una protección para la persona afectada, obligándola a aislarse y en aislamiento poder hacer el trabajo interno necesario para reparar el daño causado, pues la manera en la que vencemos al EGO es dedicando tiempo proactivamente para pensar y hacer introspección… Claro está que es mucho mejor evitar pasar por una purificación tan severa y realizar la limpieza necesaria por nosotros mismos de forma proactiva, haciendo nuestra transformación espiritual de forma voluntaria.

Cuando nos aislamos y vamos hacia dentro de nosotros, aflojamos las ataduras del EGO y nos damos la oportunidad de «hablar y escuchar» al alma. La cuarentena o aislamiento no es precisamente para evitar el contagio, sino porque se necesita de un tiempo aparte, fuera del distractor del día a día y del contacto con otros, para trabajar y atender puntualmente lo que hay dentro de nosotros.

«El aislamiento físico da tiempo para reflexionar»

 

Según el Zóhar, los problemas cutáneos, indican un problema que necesita limpiarse a través de nuestras acciones, acciones que tendrán que ver con aprender a escuchar lo que otros tengan que decir y aprender a decir lo que necesita ser dicho, a la vez que cuidamos las palabras que salen de nuestra boca.

Reparar desajustes de este tipo es complejo, debido a nuestra dificultad para poder ver nuestros propios defectos. Siempre vemos lo que está mal en los demás, pero se no lo que está mal en nosotros. Pero la Kabbalah nos recuerda que cualquier característica que observamos en los demás en realidad está presente en nosotros y es por eso que cuando tenemos la capacidad de ver un problema en alguien, no es para señalarnos sus defectos o fallas, sino para que veamos el problema que resuena en nuestra vida.

«Cada persona es un espejo de otra, lo que vemos en los demás, positivo y negativo, en realidad está en nosotros»

 

El número de versículos de este capítulo es el valor numérico de la palabra Biná = Entendimiento, lo que hace alusión al Entendimiento que nos revela esta lección; un Entendimiento que nos libra de muchos males.

En esta lección, la Torah indica que la lepra era diagnosticada y sanada por el Cohen HaGadol (Sumo Sacerdote)  pues sólo él estaba autorizado a encender las lámparas del templo. ¿Qué quiere decir esto?

Veamos los códigos:

• Sumo Sacerdote: es nuestro guía espiritual interno

• Templo: es el lugar sagrado en nuestro interior desde donde realizamos la conexión con la Luz.

• Las lámparas del Templo: son las Sefirot del Árbol de la vida equivalentes a nuestros Chakras.

Lo que esto nos explica es que nadie más que nosotros es capaz de restaurar y equilibrar cualquier anomalía espiritual y energética en nuestro sistema. Sólo nosotros podemos regresar al equilibrio nuestros chakras. Cada uno de nosotros es un sacerdote por derecho propio y es a través de nuestras acciones elevadas y positivas que podemos encender las lámparas y encender la Luz en nuestra vida. Esta energía divina nos sana inmediatamente y así como lo hace con nosotros, lo hace con el mundo.

La Torah describe algunas de las manera en que la plaga de la lepra se puede manifestar. Aclarando que cada una de estas afecciones proviene de una causa espiritual profunda y oculta. Así una inflamación en la piel está asociada con un EGO agrandado y según el área afectada tendrá un código específico, según la anatomía del alma en relación al cuerpo, que lo identifique con la causa.

Por ejemplo, si la afección se encuentra en la cabeza, se relaciona con el estado de nuestra consciencia, pues si nos encontramos en un estado negativo mental, esto se expresará directamente en la cabeza. Por otro lado si la afección se localiza en el rostro, podrá ser causada por nuestro propio «mal de ojo» a través de las miradas envidiosas o negativas que dirigimos a otras personas, pues es con los mismos ojos que vemos a otros, que nos vemos a nosotros frente al espejo. Las enfermedades de la boca ocurren cuando practicamos el chisme, mientras que las quemaduras en la piel están relacionadas con la ira y la rabia que guardamos en el corazón.

Toda enfermedad es el resultado de un desajuste que ocurre por nuestras acciones egoístas que alimentan solamente al EGO, fortaleciéndolo y debilitando la influencia del alma. Cuando existe peligro de inclinar permanentemente la balanza a favor del EGO, es cuando ocurren las enfermedades para debilitar y destruir las influencias negativas a través del dolor y sufrimiento que estas pueden causarnos. En este sentido, la enfermedad es purificación!

«Según la Kabbalah, cuando alguien se enferma es una señal de que inicia el proceso de limpieza profunda»

Pero la enfermedad no tiene que ser permanente.

El cuerpo físico es el reflejo externo del alma, de manera que cuando el cuerpo se enferma, es porque el alma necesita atención y trabajo espiritual para sanarse; una vez iniciamos el trabajo y la transformación, la enfermedad deja de ser una herramienta necesaria.

En esta lección también se nos enseña sobre la importancia de «ABRIR EL CORAZÓN»…

En esta sección de la Torah, se tratan los aspectos de la cabeza y el cerebro. Según la Kabbalah, el cerebro es sólo un receptor de información, que se conecta a dos tipos de señale o frecuencia, como si fuera un radio. Para explicarlo, es como si existieran solo dos emisoras de radio que envían señales constantes: La Luz y el Lado Negativo. Nuestra mente es la parte no física que tiene el libre albedrío de elegir a qué estación de radio sintonizar.

• Estación 1: Los pensamientos negativos, estos son los pensamientos más nítidos y audibles y que pareciera que pagan más publicidad para tener mayor alcance.

• Estación 2: Los pensamientos positivos, aquellos que tienen una voz muy tenue y que se nos dificulta escuchar con claridad, pero que cuando logramos sintonizar y lo hacemos con mayor frecuencia nos aportan gran poder.

La disposición a sintonizar una u otra estación proviene de «Nuestro Corazón», no de nuestra mente, de manera que un corazón frío y cerrado crea una abertura para los pensamientos dañinos, improductivos y negativos, mientras que un corazón cálido y abierto sella esas aberturas de modos que podamos bloquear la señal del lado negativo y sintonizar con la Luz y la voz sutil de nuestra alma.

 

Para terminar, la Kabbalah nos explica que el nombre de esta parashá es Tazría que significa «ella se embaraza», traer vida a este mundo es la máxima acción de compartir y es en esta acción con la que hacemos que cosas maravillosas pasen, en especial cuando compartimos con alguien desconocido o con alguien con quien hemos tenido algún problema. Compartir atrae mucha Luz y aveces después de conectarnos con mucha Luz a través de una acción de compartir, hay una sensación de cansancio, por lo que es necesario ser tan fuerte después de haber conectado con la Luz como lo somos durante la conexión. Esto es muy similar al proceso por el que pasa toda mujer después de dar a Luz… ella queda agotada y necesitará descanso y reposo, pero deberá continuar siendo fuerte para cuidar de la nueva vida que ha traído al mundo. Así nosotros después de haber participado en una gran acción de dar, debemos resguardarnos y a la vez permanecer fuertes para que dicha revelación de Luz se mantenga viva.

Y así llegamos al final de esta lección.

 

Stefanie.-