Prioridades

Por: Rolando Milian Dardón

Cuando recién nacidos no tenemos conciencia real de nuestro alrededor. Lo que captamos es una cantidad inmensa de estímulos sensoriales y requerimientos biológicos para mantener nuestro cuerpo físico denso funcionando. No tenemos conciencia de los demás vehículos que como ser humano poseemos, tampoco una verdadera noción de lo que sucede a nuestro alrededor y realmente no nos interesa; tenemos una cuota de sueño, alimento y aseo que debe ser llenada. ¿Ahora bien, pregúntese, realmente ha cambiado algo desde entonces?

A medida que crecemos el mundo nos ofrece cada vez más y más estímulos que excitan nuestros sentidos a tal punto de crear una realidad ilusoria (maya) que aleja cada vez más al ser humano de su verdadera esencia. No propongo que nos sentemos al lado de una maceta a realizar meditación y técnicas corporales, sino una evaluación de nuestras prioridades y más del bien común. Observemos como gastamos nuestras vidas estudiando y trabajando, sometiendo al cuerpo a  cargas intensas de estrés y desgaste, todo para poder satisfacer necesidades modernas que en algún momento fueron lujos. Cientos de mejoras a la “calidad de vida” mediante aparatos creados por los científicos e ingenieros (nada en contra del desarrollo tecnológico, yo mismo tengo pensum cerrado en Ingeniería Química). “Calidad de vida” para una minoría, que debe saturar su cuerpo con complejos vitamínicos, a pesar de tener su mesa llena de alimentos. Simplemente quiero resaltar una realidad que está allí pero nadie la ha terminado de notar. 

¿Es realmente esto en lo que vivimos, una civilización?

Llenamos nuestras alacenas de comidas, nuestros sentidos de dispersiones, nuestros cuerpos de toxinas y sobrecargas de trabajo; el resultado: una sociedad enferma a todo nivel, físico, mental, emocional. Un sistema de vida en el que valores como el respeto, la compasión y la tolerancia no tienen cabida. Un mundo en el cual producir es lo importante y no nos damos cuenta que la verdadera materia prima somos NOSOTROS MISMOS. Pasamos nuestras vidas en trabajos que quizá no nos llenan. Y todo para poder llevar a nuestra bolsa un teléfono de moda, una buena computadora, un sillón reclinable de cuero. Ya no hay tiempo para tomar conciencia de nuestro desarrollo interior mucho menos del bien del prójimo, el hombre moderno no le da cabida ni importancia al cultivo saludable del cuerpo, a degustar cada comida a plenitud ni al aprendizaje en el silencio.

Mi idea no es despojarnos de todo e irnos a recluir en una montaña sin nada más que un recipiente para tomar agua y un taparrabo. Lo que intento es que pare, pare por un momento, disfrute del silencio, observe a su alrededor y replantee sus prioridades.

El Yoga es parte del patrimonio natural del hombre, sólo que éste lo ha olvidado, el Yoga nos brinda herramientas, que lejos de ser una mera gimnasia oriental devuelve al hombre occidental moderno un poco de la conciencia que nunca desarrollamos. Es tiempo de reevaluar nuestras prioridades y darnos cuenta que en nuestra apretada agenda existe por lo menos una hora a la semana que podemos dedicar al cultivo interior.