Mishpatim/Leyes…

Entonces… si has seguido cada porción de la Torah semana a semana, sabes que hemos hecho un recorrido por una serie de historias que describen los procesos de vida de los personajes bíblicos que en realidad son los procesos por lo que todos hemos pasado o hemos de pasar.

En las últimas semanas tuvimos un acercamiento al proceso de «liberación» de nuestro estado de consciencia el cual sin duda alguna todos sabemos hoy que ha estado prisionero o esclavo de nuestro «Egipto personal». Las lecciones descritas en la Torah nos dan paso a paso la explicación para atravesar con éxito ese proceso de liberación que no es un evento «único» en la vida, sino que será varias veces las que probablemente tengamos que experimentarlo tarde o temprano. Hemos aprendido también que no solamente basta con tener la intención de emprender nuestra liberación… el recorrido exige una serie de requisitos y de esfuerzo genuino así como «autosacrificio» y dejarnos morir por un bien mayor llamado «Libertad»

Dejarnos morir implica desligarnos de aquello con lo que nos identificamos a tal nivel que hemos llegado a creer que es lo que somos, pero que solamente es el EGO y que en definitiva no tiene que ver con nuestra naturaleza divina.

Por otro lado, la Torah y sus códigos kabbalísticos, también nos explican que la libertad por sí misma no es posible sin asumir la responsabilidad de lo que implica ser «libre» y esto es lo que la porción de Mishpatim que corresponde a esta semana  nos viene a explicar.

Antes de iniciar esta lección, quisiera que recordemos que cada porción que corresponde a la semana en curso, nos presenta la información y sabiduría necesaria que va en sintonía con la energía disponible, lo que significa que:

«esta semana se pone a nuestra disposición la energía necesaria para comprender y poner en practica las «leyes» de La Creación con las cuales opera este mundo».

todas esas leyes que emanan de los planos superiores y que no tienen que ver en absoluto con las leyes de los hombres que siempre son corrompidas, transgredidas, omitidas, ignoradas e incluso acomodadas al beneficio del mejor postor.

El nombre de la porción de esta semana es «Mishpatim» que significa «leyes» y muy diferente a lo que le religión explica basado en la Biblia; cuando la Torah habla de leyes no se refiere a las reglas o normas para la convivencia en sociedad y correcta moralidad inventadas por el hombre en un esfuerzo de llevar una buena convivencia que al final aún no ha sido posible!!!. Sabemos que la Torah revela un significado más profundo de lo que simplemente se lee y observa y que es por medio de ello que tenemos un alcance mayor a entender todo lo que sucede en nuestras vidas.

Todo esto se puede resumir en una sola ley la cual se llama «Causa y Efecto»

Los acontecimientos de nuestra vida ocurren sólo porque los merecemos y porque nosotros así los hemos diseñado con cada acción que elegimos realizar… los resultados o «efectos» que obtenemos por medio de los eventos que experimentamos a lo largo de la vida son herramientas que nos ayudan en nuestro camino a la transformación, una transformación que resulta en una conexión cada vez más cercana con La Luz del Creador!

Con esto lo que quiero decir es que sin importar si el efecto que obtenemos es algo hermoso y feliz o caótico y doloroso, siempre aquello que obtenemos proviene de La Luz, por lo tanto todo lo que experimentamos es siempre bueno para nosotros… así nos duela y nos haga sufrir. Todo lo que manifestamos es solamente el reflejo de lo que somos en el momento en que emitimos la causa y entender eso nos permite ver con mayor claridad que si queremos manifestar mejores eventos, necesitamos cambiar y convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.

Aquello que experimentamos es un reflejo de nuestro mundo interno, así que no importa cuantas fotos «fake» subamos a la cuenta de Instagram o FaceBook para querer proyectar o aparentar eso que tanto deseamos pero que sinceramente sabemos que no somos o no tenemos… la verdadera realidad de lo que somos y quienes somos se ve en nuestra vida, en aquello que experimentamos día a día, en lo que damos y recibimos.

— Si hacemos el bien, somos y tenemos bien en nuestro ser de manera que recibiremos bien. Por el contrario si elegimos practicar lo opuesto y nos dedicamos a sembrar dolor en otros, es porque eso es lo que somos por dentro, es lo que tenemos y es lo único que podemos dar, por lo tanto dolor será lo que recibiremos de vuelta. —

Y de aquí la importancia de ser responsables de lo que nos alimentamos, pues bien dice la frase «somos lo que comemos» y al decir comida nos referimos no solo al alimento físico sino al alimento espiritual que cubre todo aquello a lo que exponemos nuestro ser, a lo que le prestamos atención y le abrimos la puerta para ingresar a nuestro sistema. Todo lo que entra por nuestros sentidos… Todo eso es lo que nos nutre y nos llena o nos vacía para luego nosotros poderlo exteriorizar y convertirlo en nuestra realidad.

El Zóhar nos enseña que para ser responsables de nuestro alimento espiritual es necesario ser muy selectivo con el contenido auditivo al cual le prestamos oído, el visual, sensitivo, lo que creamos con la palabra, e incluso de lo que nos rodeamos compartiendo la energía. Las personas de quienes nos rodeamos, ahora en tiempos modernos aquellos a quienes seguimos en redes y le abrimos la puerta a nuestra vida «por un like». Quién te inspira a crecer y dar lo mejor de ti y quién te enseña a desear la vida de otro son dos cosas muy distintas y es algo que para muchos en la vida virtual es muy difícil de diferenciar; sobre todo cuando el tiempo «gastado» en redes supera el tiempo que «invertimos» en la vida real.

Se trata de utilizar todos nuestros recursos para llevarnos a nosotros mismos a un nivel espiritual superior; si logramos hacerlo de forma consciente y voluntaria el proceso no será doloroso, pero también necesitamos tener muy claro y presente que nuestro destino es la «transformación» y evolución espiritual», de manera que si no lo hacemos nosotros mismos el Universo y todas las fuerzas y energías celestiales tienen como misión hacer que esto funcione de cualquier forma y siga su curso evolutivo… y entonces, cuando dejamos a mano del Cosmos nuestro destino, la cosa se pone compleja y el camino no es precisamente el más agradable.

«Por ello conectarnos con nuestra parte proactiva es la mejor vía para revelar la Luz que hay en nuestro interior y entonces «Ser» como El Creador».

Necesitamos entender que la ley de causa y efecto es una ley que trasciende el espacio y el tiempo porque es una ley que corresponde al plano superior y por ello en esta parashá se hace énfasis especial en el tema de la reencarnación y vidas pasadas, pues nuestras causas de hoy no precisamente tendrán su efecto hoy mismo, puede que tarde en llegar unos días, meses, años e incluso vidas y esta es la razón por la cual la cosa se hace complicada, sobre todo cuando hemos sido y somos irresponsables con aquello que hacemos o dejamos de hacer, pues al final el resultado siempre vuelve a nosotros en el momento menos esperado y aunque es muy probable que a muchos nos gusten las «sorpresas» todos podemos estar muy de acuerdo con que las «malas sorpresas» no le gustan a nadie!!!

«Entonces la única forma de garantizar sorpresas positivas en nuestra vida es asegurarnos que nuestras causas en el hoy sean 100% positivas y conscientes».

El Zóhar nos explica en esta porción el proceso de movernos de una vida a la siguiente con todo el equipaje que acumulamos en cada vida y nos explica sobre lo que debemos hacer para liberarnos de esa carga pesada. En este punto es por medio de la Astrología Kabbalística que podemos tener acceso a nuestra información de vidas pasadas para orientarnos sobre ese equipaje o carga que necesitamos soltar… y para ello es necesario estudiar nuestros «Nodos Lunares» o «Nodos del Karma».

Todos nacemos en el campo de juego del Satán, lo que significa que siempre que estemos en su juego, tenemos que jugar en base a las reglas… pero esto se hace difícil si no tenemos conocimiento de estas!!!

Tenemos muchas posibilidades de ganar cuando entendemos claramente de qué trata el juego y cómo jugarlo y tenemos aún más posibilidades si no es la primera vez que lo jugamos y hemos tenido la oportunidad de practicarlo varias veces; y todos sabemos que la práctica hace al experto, así que necesitamos ser conscientes de que «esta no es nuestra primera vida»… no es la primera vez que jugamos a este juego así que práctica tenemos suficiente, sobre todo cuando la Kabbalah nos explica que muchos de nosotros hemos encarnado cientos de veces, pero si sabiendo esto aún así no podemos conectar con al menos una de esas vidas anteriores para entenderla y poder reparar nuestros errores y pendientes, prácticamente estamos atrapados y destinados a perder en el juego del Satán.

Comprender nuestras vidas anteriores es la vía por la cual podemos entender nuestra encarnación actual y transitar en ella de una forma orientada. Todo cobra sentido y entonces tenemos claro aquello que necesitamos soltar para liberar peso y movernos de forma más libre y rápida en el camino.

Traemos limitantes de nuestras experiencias anteriores y esto es muy fácil de entender si por ejemplo, luego de que un perro te mordió en la infancia hoy que eres adulto le temes a los perros; con este ejemplo podemos ver que toda reacción tiene una acción que la causa, pero muchos de nosotros andamos por a vida lidiando con reacciones o efectos de los cuales desconocemos sus causas y eso nos dificulta la vida y nos esclaviza el miedo y al sufrimiento que funciona como barreras o límites que no nos permiten avanzar.

Estamos esclavizados por todo aquello que evita el crecimiento y el cambio hacia lo positivo y que nos impide ser un canal de Luz… pero la peor clase de esclavitud es cuando el que cae preso es  «nuestro deseo por crecer», porque al dejar de desear el crecimiento empezamos a ser servidores de la autocomplasencia.

La Kabbalah nos explica que todo, todo, TODO lo que ocurre en nuestras vidas esta perfectamente justificado y fundamentado… NADA ES CASUAL o INJUSTO, porque cada evento responde a una causa que permite el equilibrio perfecto de La Creación y el sistema de la misma.

Por ejemplo: «Matar por accidente»

Según el Zóhar no existen los «accidentes», una persona que muere aparentemente por accidente fue un asesino en una vida pasada el cual no pudo saldar su transgresión y reencarna con la deuda pendiente que se requiere saldar para devolver el equilibrio alterado.

Según las leyes superiores, cada acción tiene una consecuencia que trasciende el espacio y el tiempo y si no realizamos nuestras correcciones correspondientes de forma voluntaria para devolver el balance natural de La Creación, ella misma se hará cargo de restaurar el orden y nos hará llegar su factura por medio de un evento que nos permita pagar con la misma moneda y probablemente en el momento que menos lo esperemos. Esto es «ojo por ojo, diente por diente».

Un ejemplo más de ello según nos dice el Zóhar es que todo aquello que carecemos hoy en nuestra encarnación actual, es algo que tuvimos y no supimos apreciar o no quisimos usar para dar a otros y compartir. De esta forma al no tenerlo en nuestra encarnación actual, logramos generar el deseo por obtenerlo y luchamos para ganarlo y despertamos nuestra apreciación por ello.

«Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde»

Por lo tanto… no importa cuantas leyes el hombre se esfuerce por crear, en realidad sus leyes no son necesarias si tan solo llegáramos verdaderamente a entender el funcionamiento de aquellas leyes inamovibles a las que responde La Creación. La única justicia valedera es aquella de origen divino, aquella que restaura el orden natural de las cosas sin importar que queramos escondernos para evadirlo o impedirlo.

Podemos crear orden en nuestra vida de forma voluntaria a partir de estas leyes que nos permiten fluir de manera armónica mientras estemos de viaje encarnados en estas tierras.

Nos vemos la próxima semana para continuar con la siguiente lección titulada «Terumá».

 

Stefanie.-