Ki Tisá/ Cuando tomes…

(Bereshit/ Éxodo 30:11 – 33:23)

El éxito del trabajo físico y espiritual se sostiene en los pilares del “conocimiento y la certeza”. Tanto nuestra certeza en la Luz del Creador como en la del sistema espiritual nos garantiza el poder del éxito en los esos dos aspectos de la vida.

El Zóhar nos explica que es de suma importancia “conocer el sistema espiritual” pues d e otra forma vivimos creyendo que solamente lo que vemos es la totalidad de lo que entendemos o percibimos como realidad. La clave es saber que existe un proceso mayor, así no podamos verlo y entender también que para poder creer no es necesario ver sino todo lo contrario.

¡Es necesario “CREER” para poder manifestar y entonces, poder ver!

La lección de Ki Tisá, inicia recordándonos la importancia de esto y de saber también que parte del sistema espiritual esta formado por el “Satán”, por lo que saber todo lo que podamos de él, es fundamental para el proceso que debemos pasar.

Ki Tisá nos muestra una lección muy grande sobre el poder del Satán y la verdadera naturaleza de nuestras faltas o lo que algunos llaman “pecado” que etimológicamente significa “tropezar”.

Sea como sea… “TODOS CAEMOS” y la Kabbalah nos explica que esto no es una limitación o un error. El Satán es un grande y poderoso oponente que nos desafía a por lo menos intentar hacerlo mejor. El hace su trabajo involucrándose y dedicándose al 100%, a diferencia de nosotros que frecuentemente buscamos la forma más cómoda de hacer las cosas.

Su labor es hacernos caer y procurar que quedemos abajo. Durante un tiempo todos fracasamos en darnos cuenta de cuantas veces necesitamos caer para aprender a levantarnos y en algún momento finalmente dejar de caer. Nos cuesta empezar a ver que nuestros mayores triunfos vendrán solamente después de nuestros grandes fracasos, porque esa es la TOTALIDAD.

«No podemos conocer de verdad y apreciar el éxito sin haber experimentado el fracaso»

Pero la mayor parte del tiempo no sabemos esto y por lo tanto no lo comprendemos. Necesitamos recordar que no conocemos el cuadro completo pero que cuanto más cuenta nos damos de que no tenemos la capacidad de ver el cuadro completo, más nos conectamos con la Luz del Creador para poder ver.

“No lo sabemos todo, y aceptar eso nos abre la puerta para saberlo todo”

La sabiduría no dependerá de cuánto sabemos o cuántos años tenemos. La sabiduría viene de nuestra conexión con la Luz del Creador y por eso es tan necesario e importante conectar con ella.

Otro aspecto importante de la sabiduría es que depende también de la naturaleza de “nuestros deseos”, ya sea que estos estén dominados por intenciones egoístas y reactivas o de manera proactiva. Esto marca una gran diferencia del tipo de conexión que hacemos con la Luz.

Otro dato importante que nos deja esta porción es sobre el “Shabbat”…

El Shabbat es la conexión que nos permite elevar nuestra vibración solamente con el hecho de ponernos en disposición de recibir. Necesitamos esta conexión una vez a la semana… guardar el día de reposo nos enseña que hay un momento para dedicar al mundo físico y otro momento que nos permite conectar con la Luz que convierte nuestro día a día y a cada momento en algo espiritual. Vivir una vida espiritual no quiere decir dedicar solamente unas horas al rezo, la meditación o el estudio, sino vivir conectados en todo momento y eso es lo que el Shabbat nos aporta; una conexión permanente como forma de vida, una conexión que permita iluminar cada segundo de ella.

 

Hablemos un poco más del “PECADO – tropiezo”…

Sé que no nos gusta esa palabra y que hemos llegado a desestimarla o casi desaparecerla del vocabulario. Creemos que el pecado no existe, pero la verdad es que si entendemos su significado no nos queda mas que reconocer que TODOS TROPEZAMOS!!!

La Torah nos habla de esto con la historia del «Pecado del Becerro de Oro».

Si has leído la Biblia seguramente conoces la historia, que en síntesis nos cuenta que el pueblo hebreo no tuvo la suficiente capacidad de resistir al ego y cuando el miedo y la duda hizo su trabajo todos cayeron en desesperación y buscaron la forma de regresar al estado de comodidad que tenían en Egipto, buscaron colocar su fe nuevamente en un “ídolo” que pudieran percibir como real… y esta acción fue lo que provocó un gran corto circuito en la conexión que venían construyendo desde el momento en que tomaron la desiciones de salir de Egipto y durante toda la travesía de su salida.

Cuando las cosas más cerca están es cuando más difícil se pone el proceso y es cuando más certeza y poder de restricción sobre el ego necesitamos tener!!!

El Zóhar nos cuenta que el Becerro de Oro que construyeron, no era meramente una estatua de oro, en realidad estaba vivo, era un objeto mivil, resultado de una creación milagrosa.

Claro está que para manifestar el milagro de transformar materia inanimada en una cosa viviente, cada israelita tuvo que sacrificar algo que le fuera de gran importancia.

¿Pero qué quiere decir esto?

Estamos hablando de que todos tropezamos tarde o temprano. Esto quiere decir que todos realizamos acciones egoístas que nos empujan tan fuerte que caemos inevitablemente. Estas acciones están conectadas a la idolatría porque sedemos el poder a objetos, actividades o personas; depositamos nuestro destino en ello, nuestra energía, tiempo y espacio y así se nos va la vida… sacrificamos algo de mucho valor y muchas veces, en su gran mayoría, ni siquiera somos conscientes de ello… y es así como podemos llegar a perderlo todo!

Cuando creamos ídolos, no separamos de la conexión con el canal de Luz y bendición, dejamos de alimentarnos y utilizamos la Luz que ya tenemos para alimentar algo que finalmente se termina alimentando de nosotros.

La mentira, la ira, el miedo, la envidia, el enojo, el chisme, juzgar, permanecer en la zona de confort, pasar miles de horas en redes, en la TV, en los video juegos. Siguiendo constantemente la vida de otros en la tendencia de vigilar perfiles que proyectan cosas que ni si quieres podemos asegurar que son reales, en vez de ocuparnos de construir nuestra propia vida.

«Dejamos de vivir y crear, de mejorarnos a nosotros mismos, de nutrirnos y buscar la conexión permanente con la Luz que nos proporciona alimento y sabiduría para ser la mejor versión de sí mismos».

Idolatría es dedicar más del 1% de tu vida a trabajar por conseguir una seguridad que a fin de mes se acaba. Idolatría es dedicar más del 1% de tu vida a buscar seguridad y comodidad en una relación, en una religión, en un trabajo, en meditar, rezar, leer, comer, dormir, etc.

El esfuerzo físico debería ser no más del 1% que corresponde al porcentaje de este mundo respecto a la totalidad de la realidad. El resto (99%) es vivir la vida de forma espiritual, riendo, compartiendo, aprendiendo, relacionándonos, expandiéndonos y creciendo cada día más.

Es complejo, porque sabemos que necesitamos un medio físico y material para subsistir en el mundo físico; pero cuando entendemos que el origen de todo ello viene del plano espiritual, empezamos a entender que es en ello que nos tenemos que poner a trabajar.

Necesitamos entender que lo único que vale la pena sacrificar para obtener algo mayor a cambio es “el EGO”

Los aspectos negativos de nosotros mismos, lo que nos limita.

No se supone que tengamos que sacrificar el tiempo con muestra pareja y familia, tampoco el tiempo para compartir y aprender de y con otros. Tampoco deberíamos sacrificar nuestra energía vital, nuestros talentos o habilidades y mucho menos sacrificar la vida misma.

La Torah nos cuenta que Dios estaba enojado por el Becerro de Oro, pero el enojo no existe en el Creador porque Él no tiene emociones, entonces a lo que realmente se refiere esto es a la Ley de Causa y Efecto.

El “enojo” de Dios se refiere a la parte de la ley de causa y efecto que dice que siempre es necesario que tenga lugar un proceso de limpieza como resultado del desorden que se causó con una acción previa.

Este proceso de limpieza trata sobre limpiar todo rasgo de EGO que nos hace arruinar las cosas, que nos hace sacrificar lo que de verdad importa por un pedacito de satisfacción personal. Dolerá, será difícil y muy molesto; pero al final siempre ganamos Luz!

En un intento de ahorrarnos el caos, la Torah nos da todas las instrucciones para procurar una buena vida, libre de dolor. Pero eso no quiere decir que la pasemos recostados sobre pastos verdes… solamente quiere decir que si somos capaces de comprenderlo, tomaremos acción y emprenderemos el camino con voluntad propia sacrificando nuestros rasgos más negativos.

La Kabbalah nos enseña que cuando algo está vacío de Luz, se vuelve físicamente pesado.

La vida se hace muy pesada, nos sentimos deprimidos y cansados, porque hemos dejado que nuestra parte física conectada al EGO nos desconecte y se alimente de la Luz que nos queda, hasta vaciarnos

Las leyes universales dictan que somos totalmente responsables de todas nuestras acciones, aunque estemos haciendo lo que pensamos que es mejor. Si nuestras acciones traen un resultado negativo, hay un efecto o pago que debe saldarse.

Debemos ser conscientes de que nuestras acciones no solamente nos involucran a nosotros mismos, sino que siempre van vinculadas a otros, por lo que aunque estemos seguros de que seremos capaces de pagar nuestras facturas, no tenemos el derecha de involucrar a otros pues aunque no queramos hacerlo inevitablemente lo están. Por ello la única forma de no causar daño a otros es siendo conscientes de nuestras acciones, así creamos que nos afectarán solamente a nosotros.

Ser conscientes y responsables de nuestras acciones también incluye el saber cuándo y de quién alejarnos o marcar distancia. Esto NO con la intención de crear separación o aún más fragmentación; permanecer físicamente distanciado de alguien así como cortar lazos y comunicación, muchas veces es necesario para evitar una fragmentación basada en la destrucción que fomenta el odio y el dolor.

Es de sabios entender cuándo es necesario cerrar puertas antes de que el odio sea sembrado, crezca y destruya todo. Podemos amar a otros cuando sabemos que lo mejor es la distancia y entender que la primera responsabilidad que tenemos es mantener la conexión con la Luz y por ello debemos ser conscientes en saber que todo lo que vibre de forma densa crea cortos circuitos que rompen esta conexión.

El Zóhar nos dice que no importa que una persona sea muy elevada espiritualmente, otras personas pueden causar perturbaciones en su campo de energía y hacerla descender. Si perdemos Luz esto afecta a todos porque nuestra Luz es de ayuda para otros y perderla nos afecta todos.

¡Si perdemos la Luz, no podemos compartir nada con otros… es así de simple!

 

La torah nos cuenta que Moshé recibió dos juegos de tablas en el Monte Sinaí.

  • Las primeras tablas fueron destruidas a causa del Becerro de Oro. Se dice que Moshé las destruyó, pero el Zóhar nos revela que en realidad se le cayeron de las manos pues al activarse la energía del Becerro de Oro la energía fue tan densa que hizo corto circuito con la energía de las tablas; estás se vaciaron de Luz y el aspecto físico de las tablas de piedra se hizo tan pesando que Moshé no pudo sostenerlas.
  • El segundo juego de tablas fue entregado después y en realidad termina siendo una de las lecciones más importantes de nuestro trabajo espiritual, que dice que cuando cometemos errores en la vida, es importante aprender de ellos y seguir avanzando.

Tropezar y caer puede tener arreglo. Después de pasar por el proceso de limpieza podemos levantarnos y construir de nuevo con lo aprendido, pero es un riesgo importante, pues cada vez que caemos también lo hace nuestra consciencia y recuperarnos de ello requiere mucho más esfuerzo!

En esta porción se habla también sobre “Los Trece Atributos de Dios”, que nos explica que el número trece representa un nivel por encima de los doce signos del zodiaco. Cuando nos elevamos por encima del destino controlador de nuestra Astrología y del mundo físico, nos elevamos al nivel “TRECE”.

Los trece atributos de Dios están conectados en el poder de los milagros y las maravillas y así creamos un enlace con una parte de la realidad en la cual los milagros son la norma.

La Torah nos otorga sabiduría que nos da la fortaleza para vencer los obstáculos y salir de la realidad donde la norma es el caos y la carencia para empezar a vivir en la zona de la plenitud y los milagros.

Moshé bajó de la montaña por segunda vez, con el segundo conjunto de Tablas. Había estado allá cuarenta días y cuarenta noches en completo ayuno y sin dormir. No estaba funcionando bajo las leyes físicas, sino que había sido elevado a otra dimensión.

Ningún ser humano ha sido capaz de llevar a este nivel espiritual. Moshé alcanzó lo imposible, lo que nos enseña que para que nosotros hagamos que sucedan milagros, tenemos que hacer lo que pensamos que es imposible para nosotros… eso es transcender las creencias limitantes!

Intentar aquello que pensamos que es imposible es precisamente la forma de encontrar la Luz. Hacer lo imposible es la única manera de revelar Luz y encontrar la plenitud.

 

Y así termina esta porción, me despido de ustedes deseándoles una excelente y poderosa semana!

 

Stefanie.-