Beshalaj/Cuando envió…

Shemot/ Éxodo 13:17 – 17

Llegamos a la lección que nos habla sobre la salida del pueblo de Israel de Egipto. El momento de la liberación y los acontecimientos que se dieron en el proceso, lo que nos trae una serie de enseñanzas de nuestra propia vida y los procesos que atravesamos cuando experimentamos nuestro Éxodo personal.

En la parashá anterior exploramos acerca de las 10 plagas y cómo estas fueron parte del proceso para liberar al pueblo de la esclavitud en Egipto. El Faraón tuvo que experimentar la muerte de su propio hijo primogénito para finalmente acceder dejar ir a los israelitas, sin embargo la historia a penas empezaba…

«La liberación no solamente dependía de la autorización del Faraón, en gran parte dependía de la propia voluntad de los israelitas»…

Beshalaj significa: «Cuando envió» y este verso se refiere al momento en el que el Faraón envía fuera a los Israelitas y Dios los conduce hacia el Mar Rojo en donde finalmente la liberación se definió como verdadera… al menos en una buena e importante parte de la historia que compete a la humanidad entera.

Veamos un poco más profundo de qué se trata esta lección:

Al poco tiempo de la huída, el pueblo de Israel «deseaba volver» a Egipto!!! Estaban frente al desafío de asumir la responsabilidad de su LIBERTAD y nos dice la Torah que cuando las cosas se ponían difíciles la pregunta que se hacían era ¿Por qué debemos morir en el desierto?…

Cuando se requería de sostenerse por sí mismos y hacer un esfuerzo empezaban a echar de menos la seguridad de su esclavitud.

El Zóhar nos revela que la esclavitud de Egipto en realidad se trata de un exilio o esclavitud de la «consciencia». En Egipto, el pueblo de Israel estaba esclavizado al «Deseo de Recibir Sólo para Sí Mismos» y mientras esa consciencia egoísta estuviera al mando no podía tener lugar ningún tipo de trabajo espiritual. «Su consciencia estaba escalvizada a la oscuridad».

El tema a que según nos explican los sabios kabbalistas, es que los Israelitas no vivían una esclavitud como la que nos pintan las películas del Éxodo, en donde eran forzados a realizar trabajo duro, encadenados bajo el sol, picando piedra y acarreando arena para construir las pirámides del Faraón. No eran castigados sin comida, bebida o vestido, sino todo lo contrario…

El Zóhar nos cuenta que el pueblo de Israel en realidad gozaban de gran comodidad y si bien si trabajaban como mano de obra para los Egipcios recibían una remuneración bastante justa respecto a su trabajo. Vivían de forma cómoda, con alimento y vestido abundante e incluso estudio. El tema era que todo estaba enfocado en el conocimiento de la sabiduría egipcia, vivían para trabajar y todo el pago que recibían les garantizaba satisfacer únicamente a sus sentidos o al cuerpo físico. El contrato exigía que dedicaran sus vidas a servir a los dioses de Egipto y se rindieran a la idolatría a cambio de la satisfacción de sus deseos.

Por lo tanto los israelitas nunca fueron realmente forzados a quedarse, nadie los ató de manos y pies para evitar que se fueran de Egipto… ellos estaba instalados en este lugar por voluntad propia; lo que se considera según las escrituras una «iniquidad».

«Iniquidad es cuando un hombre hace lo que le place, no deliberadamente sino cometiendo faltas para satisfacer su propio disfrute».

Y aquí la falta cometida por parte del pueblo de Israel era dedicar su vida a complacer la parte física (Deseo egoísta de recibir para sí mismo) incluso si esto implicaba desconectarse de la parte espiritual y dejar de escuchar la voz del Alma.

Así fue como el pueblo se desconectó de las enseñanzas de Avraham y los patriarcas. Olvidaron que existía un Creador de TODO y que la posibilidad de vivir en conexión con La Luz automáticamente garantiza todo sustento sin necesidad de rendirnos a la esclavitud de nuestra consciencia que al final es lo que nos conduce al Alma y a la vida en libertad.

Lo triste de la historia es que esta esclavitud todavía existe en la actualidad y la experimentamos de muchas formas incluso cuando parece ser algo muy positivo. Experimentamos una gran excitación, aunque de forma temporal con solo tener la idea o llegar a la acción misma de gratificar nuestros deseos egoístas y esto es una realidad que resulta muy seductora! Si nunca nos preocupamos por ver más allá, esta excitación puede aparentar ser una verdadera dicha pero se convierte en el esclavitud cuando no reconocemos que necesitamos estar en una constante búsqueda para sentirnos satisfechos… de esta forma nuestra mente y alma queda a manos de este tipo de consciencia y la liberación puede parecer algo aterrador cuando nos vemos cara a cara con la responsabilidad que requiere ser verdaderamente libres, a tal nivel que muchos pueden preferir regresar a la esclavitud.

En la actualidad hay personas que en serio no comprenden el significado de estar conectados a La Luz, probablemente porque desde su nacimiento han experimentado únicamente el estado de esclavitud y por ello salir de su Egipto personal les significaría un tipo de dolor que no se esperan, ni para lo que están preparados a experimentar, mucho menos para aceptar.

Cambiar es más difícil que permanecer en la negatividad…

porque se requiere de esfuerzo y porque en la mayoría de los casos haber estado sumergidos en la negatividad por tanto tiempo se hace algo tan familiar que lo empezamos a llamar «casa». Salir de Egipto es algo proactivo y va completamente en contra de lo reactivo, de manera que debemos abrirnos a lugares posiblemente nunca antes explorados en nuestro interior y así poder escapar de nuestro hábitos y formas habituales de hacer las cosas. El comportamiento proactivo es el mejor de nuestros poderes para poder escapar de la esclavitud, pero también resulta ser lo más difícil; y para algunos esto es realmente tan difícil y atemorizante que prefieren resistirse e incluso negarse rotundamente a ello. Pero para otros esto es un motivante, es un desafío que le llena de energía y le inspira a ir en la búsqueda de la conexión con La Luz y así alcanzar la libertad!

El Zóhar nos dice que independientemente de lo que hagamos, si nuestras acciones están basadas en la servidumbre de una idea, una persona, un objeto o una situación, entonces todavía somos «esclavos en Egipto». Pero si contrario a esto, hacemos algo porque es lo correcto y no porque esperamos recompensa o ser reconocidos y compensados, esto significa que hemos salido de Egipto y nuestra consciencia es libre, por lo tanto nuestra vida también lo es.

La lección de Beshalaj, nos explica que en la Era de Acuario estamos preparados para realizar milagros tan grandes como la Partición del Mar Rojo. Sin embargo, el problema por el cual no hemos logrado hacerlo radica en nuestra naturaleza como seres humanos la cual hemos adoptado como nuestra única y verdadera naturaleza.

Tenemos que saber que realmente tenemos el control, podemos lograr el dominio sobre el universo físico si lográramos reconocer nuestra esencia divina. 

El milagro de la Partición del Mar Rojo es uno de los episodios más conocidos de la Torah y la Biblia, pero más allá de lo fabuloso que puede parecer, en realidad se guarda un poderoso secreto detrás de la increíble historia de este acontecimiento. Atravesar el Mar Rojo fue una necesidad fundamental para el desarrollo espiritual de los israelitas y fue donde Dios nos dio los 72 Nombres.

Si recuerdan la lección anterior (Bo/ Vé…) hablamos sobre los 50 niveles de negatividad y que cuando una persona llega a la puerta No.50 en realidad la única escapatoria a tal nivel denso de negatividad es la muerte… Y como sabemos todo tiene una contra parte y en este caso para las 50 puertas de la negatividad encontramos las 50 puertas de luz siendo la No. 50, la puerta de Biná (entendimiento).

Esto esta conectado a la partición del Mar Rojo que fue el acontecimiento que elevó la conciencia de las personas al nivel 50 de entendimiento ya que ese nivel de consciencia era un prerrequisito para la entrega de la Torah que se llevaría a cabo poseteriormente en el Monte Sinaí. Conectar con esta puerta retira cualquier velo o cáscara de negatividad que nos impide ver La Luz, de manera que podemos ver claramente y finalmente alcanzamos el entendimiento!

Que esto sucediera con el pueblo de Israel permitió que las generaciones posteriores tuviéramos el beneficio o la ventaja de no tener que atravesar una por una las 49 puertas anteriores para poder llegar al nivel más elevado de consciencia. Si bien La Luz esta siempre presente para ayudarnos en el camino de nuestra transformación, hacer el viaje paso a paso puede tomarnos demasiadas vidas y por ello lograr conectar directamente con la puerta No. 50 nos permite una especie de atajo cuántico evitando así la parte tediosa, lenta y dolorosa del proceso de tranformación… Peeeeero, tener acceso a ello requiere compromiso y sobre todo asumir la responsabilidad de nuestra propia libertad de consciencia, es decir…

«Salir voluntariamente de nuestro Egipto personal.»

Atravesar el Mar Rojo significó para el pueblo de Israel una especie de limpieza y purificación profunda que permitió a las personas olvidares de su conexión con Egipto. Era necesario porque como comentamos anteriormente, la negatividad en la que estamos sumergidos se hace tan familiar que llegamos a creer ciertamente que estamos en casa y que esa incomodidad es tan familiar que no existe nada más que ello. Las conexiones con la negatividad son muy difíciles de romper así queramos hacerlo con todo el corazón y la seguridad del mundo, pues en lo más profundo de nuestras almas si estamos arraigados a estos lazos, tenemos miedo de querer ser libres y por ello esta lección nos enseña que la partición del Mar Rojo fue lo que finalmente eliminó  esa difícil barrera que los israelitas no habían logrado atravesar a pesar de los múltiples intentos y a pesar de haber presenciado de primera mano cada uno de los milagros realizados por el Creador.

Ahora bien, la Kabbalah nos revela una gran enseñanza en todo esto; y es que equivocadamente se ha creído que Dios fue quien partió el mar y facilitó la vía para que finalmente el pueblo escapara. Pero esto  no fue así!

Moshé y los israelitas fueron quienes llevaron a cabo el acto que dio definitivamente un giro a la naturaleza física, fue la primera vez que los hombres manifestaban un milagro de este calibre por sí mismos gracias a las herramientas entregadas por el Creador, «Los 72 Nombres» y así se experimentó por primera vez el poder de la mente sobre la materia que no es más que «la consciencia que controla lo físico»… esto era necesario para la liberación definitiva de la consciencia israelita, pues sólo a través de experimentar el acontecimiento mismo, se llega al entendimiento.

Cuando llegamos a entender la tecnología de los 72 Nombres De Dios que se presenta en esta lección de Beshalaj, podemos ciertamente controlar nuestro entorno; controlar todo el caos que experimentamos y agrupar nuestras correcciones o «tikunim» de vidas pasadas para acelerar el proceso de evolución.

Pero esto solo es posible si somos proactivos y seguimos el camino de La Luz y esto requiere dejar de jugar «el juego del Satán» que consiste en dejar de pensar en el «hubiera» y empezar a actuar como sabemos que necesitamos hacerlo. Nuestra voz interna nos repite constantemente «NO HAGAS ESTO» pero seguimos adelante y luego nos topamos con «el grave error» y el Satán sale a consolarnos con la famosa frase «Errar es de humanos» y como hemos llegado a creernos que somos 100% humanos lo aceptamos como nuestra realidad y así pasamos la vida error tras error y peor aún, sin aprender de cada uno de esos errores.

Salir del juego del Satán implica poner restricción y empezar a reconocer que no somos 100% humanos y que tenemos una naturaleza divina que nos eleva por completo, que nuestra parte física solamente es un traje o un medio de transporte para transitar por este camino de lo físico.

Veamos todo esto de una forma más clara…

La historia nos cuenta que a pesar de todos los problemas que Moshé y los israelitas habían causado en Egipto al Faraón, este se seguía arrepintiendo una y otra vez por dejarlos ir. El seguía apegado a ellos así como nuestra negatividad se aferra a nosotros. Cuando el apego es en ambas vías, es decir de la negatividad hacia nosotros y de nosotros a ella, romper los lazos es imposible!!! y como bien nos cuenta la historia el Faraón nunca pudo desapegarse de los israelitas, aún cuando estos ya se habían marchado fue en busca de ellos y los persiguió a toda costa!!!

Esto es importante de comprender, pues prácticamente se nos esta diciendo que aunque hayamos elegido soltar y romper con los lazos de la negatividad, esta nos seguirá persiguiendo y por ello es necesario asegurarnos que no pueda seguir haciéndolo pues tarde o temprano puede alcanzarnos y es muy posible que volvamos a apegarnos con ello. A pesar del dolor y el caos que nuestras acciones y pensamientos negativos traen a nuestra vida, seguimos repitiéndolos una y otra vez, lo que hace que volver a lo mismo sea prácticamente inevitable.

Atravesar el Mar Rojo y experimentar nuestra capacidad de crear milagros, purificarnos y derrotar al Faraón es la única vía hacia la libertad.

 

Viene algo muy profundo en esta lección que nos explica aún más todo esto…

Resulta que el Faraón persigue a los israelitas y estos entraron en pánico!!! Ellos no tenían certeza de que estarían a salvo a pesar de saber y de ver claramente que el Creador estaba con ellos.

El pueblo era perseguido, temían por su vida a manos del Faraón, pensaron en la posibilidad de entregarse y regresar a la esclavitud con tal de permanecer con vida… estaban frente a las aguas del Mar Rojo y no veían más salida que morir a manos del ejercito del Faraón o morir ahogados y entonces la Torah dice:

Y los hijos de Israel «clamaron» y finalmente se acercaron genuinamente al Creador.

De esta manera vemos que quien hizo que el pueblo finalmente se conectara a Dios fue el  Faraón demostrando que el caos y la oscuridad que experimentamos en la vida tiene un objetivo que empieza y termina con La Luz.

Moshé dijo: No teman estén firmes y vean la salvación que el Eterno hará hoy con ustedes…

Y aquí se dió el milagro que llevó a todo un pueblo a la liberación.

Moshé y el pueblo clamó a Dios y para su sorpresa Dios respondió a Moshé: ¿Por qué clamas a mi?, diles a los hijos de Israel que marchen…

Dios no haría un milagro más, porque el momento de enfrentar su propio destino era este, en el que se harían uno con La Luz y Dios se convertiría en su sombra.

A menudo clamamos a Dios cuando tenemos problemas cuando en realidad tenemos que adoptar nuestro rol activo de «Ser como Dios»

No podemos continuar esperando que nos lo hagan todo, estamos en este mundo para ser lo que realmente somos.

El Zóhar nos dice:

«Pero aveces necesitamos atraer un milagro, que esta fuera de la naturaleza y la única forma en la que uno atrae milagros es  — reordenar la naturaleza de la forma en que Dios la ha ordenado — lo que se logra a través del auto sacrificio. Pues si un hombre se vence a sí mismo, aprendiendo a sacrificarse por el honor de Dios que es la naturaleza de su esencia, entonces esta fuerza emerge y rompe todos los velos; y no hay un poder entre los seres superiores o inferiores que pueda detenerlo o bloquear cualquier cosa que pida, y su oración será respondida total e inmediatamente.

«Dios es tu sombra»

Igual que la sombra de uno imita todos los movimientos de una persona, Dios hace lo mismo. Si un hombre dispuesto a sacrificarse por La Luz, entonces Dios anula todas las reglas de la naturaleza que Él mismo estableció y se gira hacia ese hombre que se sacrifica a sí mismo.

¿Cuál era el sacrificio que hicieron los israelitas?

Dios les dijo que marcharan y se adentraran a las aguas y que estas se abrirían creando un pasaje completamente seco para que pudieran atravesarlo, pero esto no pasaría hasta que cada uno de ellos estuviera sumergido completamente con la plena certeza de que el milagro se llevaría a cabo y de que ese era el camino hacia su liberación.

Finalmente la historia cuenta que los niños fueron los primeros en dar el paso y sumergirse en las aguas… lo que demuestra que los niños están mucho más conectados con los niveles superiores del alma que facilitan la certeza.

Y así terminamos esta lección observando que el camino hacia la libertad puede ser como el Mar Rojo fue para los israelitas, y que no será hasta que nos sumerjamos con plena certeza, que el camino se revelará para nosotros… en el momento en el que reconozcamos que solamente somos nosotros quienes tenemos el poder de crear el milagro de nuestra libertad haciéndonos UNO con el Creador, de regreso a nuestra naturaleza.

Así cerramos la parashá de esta semana y nos vemos la próxima semana para continuar con el capitulo de «Yitró».

Les deseo como siempre una fabulosa semana llena de Luz y cosas buenas que les lleven hacia el crecimiento y la libertad de consciencia.

Stefanie.-