Behar/En el Monte…

(Vayikrá/ Levítico 21:1 – 24:23)

Todos deseamos tener bendiciones en la vida, añoramos una vida llena de ellas y quisiéramos no tener que ver con lo contrario, pero antes de que podamos comenzar a preguntar qué podemos hacer para garantizar una vida llena solo de bendiciones y no maldiciones, debemos entender verdaderamente lo que son ambas cosas.

El Zóhar nos recuerda que la maldición más poderosa del Satán es la tristeza, esta consiste en la negación directa de la Esencia de Dios, la cual es dicha pura. Sin embargo la tristeza es un estado muy difícil de combatir, todos la hemos sentido y muchos quizás están ahora mismo lidiando con ello. Pero lo realmente difícil en todo esto es que todos en el mundo creen que saben lo que es la felicidad y es que parece muy sencillo:

«Cualquiera que obtenga lo que desea en la vida es feliz».

Debido a esta creencia, pensamos que cualquier persona con poder, dinero o influencias debe ser feliz.

Constantemente escuchamos: “¡Ellos tienen mucho dinero… se van de vacaciones a lugares lejanos y exóticos… pueden gastar el dinero que sea y comprar lo que quieran… qué vidas tan fabulosas tienen… eso es felicidad verdadera!”.

Pero, si observamos con atención, entre las personas más adineradas vemos a las más tristes, amargadas y llenas de problemas, y cuando el dinero es utilizado como un intento de llenar el vacío de la tristeza, acude en respuesta «el exceso», y la combinación tristeza + exceso termina siendo una fórmula perfecta para la autodestrucción!

En general podemos ver lo superficial que es la perspectiva acerca de la felicidad… Pues se basa en estimulantes externos que están destinados a ser pasajeros o temporales y así es como constantemente estamos involucrados en una persecución sin fin, tras la escurridiza felicidad, esa que nos dura tan poco y se nos escapa tan rápido, pero no nos damos cuenta cómo continuamos haciendo más de lo mismo intentando un resultado duradero en relación a la felicidad en nuestras vida; y de pronto, ya no tenemos tiempo para nada más que todo lo que nos ocupa en tiempo y espacio para buscar esa sensación tan anhelada…

Trabajamos sin parar para tener suficiente dinero y comprar cosas que nos hagan felices, pero misteriosamente después de obtenerlo en poco tiempo dejamos de sentirnos felices y buscamos algo más costoso para motivarnos de nuevo. O nos involucramos constantemente en amoríos pasajeros, relaciones que no pasan de la primera etapa donde los niveles de la emoción por una nueva relación nos mantienen con los ánimos elevados, pero al igual que con lo anterior, pronto se acaba, la relación no funciona o no queremos que funcione para salir volando a la siguiente flor y empezar de nuevo.

Y así podría dar miles de ejemplos de todo lo que se nos ocurre hacer por ir en busca de un sentimiento de alegría plena que nunca llega para quedarse…

Al igual que el final de una película: el momento de entretenimiento termina y el placer se va, la felicidad no se queda con nosotros, así que mañana necesitaremos ver otra película.

«Pero lo que realmente estamos buscando es felicidad verdadera, no la felicidad que hoy está y mañana desaparece»¿Pero cómo?, si casi cada momento de placer en este mundo es momentáneo y temporal. La verdad es que todo este mundo es demasiado acelerado. Queremos que todo lo que deseamos llegue a nosotros de forma inmediata, de lo contrario nos molestamos, perdemos la paciencia y tiramos la toalla.

Parece imposible encontrar la felicidad duradera en un mundo así, en donde cada vez que sale algo nuevo, todos corren a buscarlo y cuando desaparece, otra cosa toma su lugar y nuevamente corremos tras de ella. Computadoras nuevas, nuevos teléfonos inteligentes, videojuegos nuevos, nuevas aplicaciones, todos quieren ser el primero en tenerlo, verlo y usarlo. Y después de un tiempo la tendencia pasa.

La gente cree que estas cosas les traerán felicidad, pero sabemos que esto no es cierto porque no correríamos tras el segundo objeto si el primero nos hubiese dado felicidad duradera…

El que posee riqueza en bastedad siente vacío y tiene dificultades generalmente muy grandes que ni con toda su fortuna logran solventar, el que se encuentra en la posición moderada en donde no hay extrema abundancia pero tampoco carencia, cree que la única forma de alcanzar su realización de felicidad en la vida es llegando a tener la fortuna que tiene el hombre anterior, que se da el lujo de gastar sin sentir remordimiento o angustia, así que dedica su vida si es necesario para llenarse los bolsillos y así se le pasa la vida… Y en el último caso, encontramos a la clase de persona que tiene la experiencia de la pobreza y la carencia diaria, quien también cree que la única felicidad se garantiza con el dinero que ellos no poseen.

Parece como si nadie en este mundo encontrara la felicidad, entonces es necesario preguntarse: Cómo es posible que Dios haya creado un mundo de tal manera que nadie pueda ser feliz y por el contrario, todos sufran (o la gran mayoría)…

La Kabbalah nos recuerda que el motivo por el cual Dios creo este mundo fue solo para que obtuviéramos placer en él y para entender cómo obtener dicho placer, primero tenemos que entender que la Fuente de TODA la felicidad es El Creador! Pero existe un obstáculo que no nos permite acceder al camino de la felicidad verdadera y ese obstáculo es conocido como La maldiciendo del Satán/EGO»

La maldición que pone límites a nuestra felicidad y placer en esta vida, problema que radica en un solo lugar… Nuestro interior!

Veamos de qué trata todo esto.

El nombre de esta lección es Behar que significa «en la montaña», refiriéndose al «Monte Sinaí » que en las historias de la Torah tiene su papel protagónico como el Monte al que subió Moshé tras la salida de Egipto, en el cual recibió las famosas tablas con los 10 enunciados… Pero la verdadera lección del Monte Sinaí no son los 10 enunciados de las tablas, sino LA REALIDAD DE LA MENTE SOBRE LA MATERIA, ¿cómo se explica esto?… Es simple: por años nos han repetido y nos hemos memorizado los 10 mandamientos, decimos por ejemplo «No robarás» pero aunque esto quedó grabado en piedra por la misma mano del Creador, los robos nunca han dejado de ocurrir. Hay un mandamiento que dice también » No matarás», pero siguen ocurriendo asesinatos…

Un evento importante y un gran poder ocurrió aquel día en ese Monte, pero no trata sobre que un ser superior le entregó a un hombre sabio un juego de reglas para la humanidad, la lección allá arriba en el Sinaí, trata sobre el poder de las mente sobre la materia, que señala que podemos lograr cualquier cosa hacia dónde dirijamos la mente, simple y cuando, usemos las reglas con las que opera el mundo espiritual y trabajemos arduamente por respetar las leyes universales.

La religión y la moralidad no son de lo que se trataba el Monte Sinaí. Se trataba de la espiritualidad. Y según el Zóhar, la espiritualidad es conectar con la Realidad del 99% y no rendir nuestra voluntad a la ilusión del 1%.

De manera que solamente a través de la entrega mediante abandonar nuestro control, es que adquirimos verdadero control, cuanto más dejamos ir nuestros deseo e intenciones egoístas, más abarcamos en todos los aspectos de nuestra vida.