Dolor emocional…

Por: Stefanie Peláez

Ha pasado un buen tiempo ya desde que empecé a acampar en esta realidad conocida como vida… considero que con el paso de las experiencias y el tiempo he madurado, al menos un poco. He crecido indudablemente, he aprendido por la vía dolorosa y también por la vía amable. He descubierto muchas cosas sobre mi misma y sobre el entorno, a nivel físico, mental y espiritual… pero hay algo que aún, a estas alturas de mi vida es como un mundo desconocido que en verdad me ha costado mucho explorar:

Las emociones… mis emociones.

Quizás ese es el plan de mi alma. Y si tomamos en cuenta la inevitable experiencia de dualidad en este mundo, pues también se me hace lógico haber elegido encarnar con una fuerte conexión a la Tierra bajo un signo tan resistente y perseverante como Capricornio, duro, seco, frío… pero solo por fuera. Pues en el interior la montaña tiene un nacimiento de agua que busca la ruta por cada grieta a su paso para salir y desbordarse en ríos que recorren vastas tierras. Esa soy yo… y quizás muchos de ustedes que sin saberlo, llevan un torrente de aguas, emociones que sin importar lo que tengan que romper, están dispuestas a fluir.

Y me parece fabuloso… lo que no me lo parece tanto, es que para que esto suceda, pareciera que el requisito indispensable es experimentar el dolor. Y eso para ser sincera, no me agrada en lo absoluto… he peleado mucho con ello, pues tengo todo para reír y bailar de felicidad a diario, pero en el fondo… siempre ha habido un dolor que aprendí a llevar a través del enojo. Un enojo que con el tiempo se convirtió en ira, una ira que tampoco me permití liberar por miedo a que quemara todo a mi alrededor… así que me fue quemando por dentro poco a poco. Uff que fuerza la de Capri, con un umbral del dolor que no podía entender o explicar y que por mucho tiempo incluso lo consideré mi súper poder.

Por ejemplo, en diferentes momentos de mi infancia y juventud temprana, a causa de accidentes (si podemos llamarle así) tuve que recibir puntos sin anestesia… en la Universidad me hice un corte en mi mano al utilizar una cuchilla mientras hacía un proyecto de diseño, pero como era entrega final, me coloqué un vendaje provisional y me aguanté hasta llegar a casa. Siendo mamá por primera vez, cocinando, tuve un accidente con un cuchillo que casi me deja sin dedos por cortar una calabaza o güicoy como le llamaos aquí… pero pensar en manejar con un bebé que aún tomaba pecho cada 2 horas en plena hora pico, me dio la brillante idea de simplemente limpiar la herida y tratar de continuar con la rutina del día y ver si al final del día realmente sería necesario ir al hospital.

Caídas, golpes, doblones de pie… sin mencionar algunos malestares físicos por algún padecimiento como infecciones, gripes, fiebres, migrañas… o las largas horas al realizarme un tatuaje sin necesidad de parar porque no sentía dolor alguno en la piel inflamada, muchas veces pudimos terminar mis tatuajes más grandes en una sola sesión… ¿díganme ustedes si no es fácil considerar eso como un súper poder? jajaja

Pues así fue mucho tiempo, hasta que empecé a notar que había algo que mi «super umbral» del dolor no podía amortiguar… y es que empecé a sentirme realmente incómoda, o quizás yo me hacía más consciente de ello, pero cada vez más frecuente sentía un dolor que no podía localizar físicamente, una molestia realmente profunda en mi pecho, en la zona del chakra del corazón, algo que se sentía algunas veces como un hoyo y otras veces como los «Siete Mares» tratando de ahogarme jajajaja.

Y no fue hasta hace poco que pude definir con nombre y apellido ese sentir que por años me ha acompañado y que gracias al Cielo jamás se ha somatizado de una forma severa… aunque si debo confesar que mi cuerpo ha contribuido mucho en un intento de ayudarme a escuchar y entender lo que me pasa por dentro.

Mi intensión de compartir esto de forma muy sincera y abierta con ustedes no es precisamente por desahogo, sino porque en todo lo que he vivido a nivel espiritual, muchas veces me ha costado mucho encontrar respuestas y herramientas que me ayudaran en mis procesos. Y como saben Regreso al Origen nació con esa idea, el poder compartir herramientas que quizás alguien más esté requiriendo para su propio caminar. Dicho esto…continuemos.

El tema central de este post es aquello que me tomó años descifrar y que se trata de «Dolor Emocional»…

El dolor emocional es una experiencia en la que la persona tiene una herida psíquica que nadie ve, incluso ni uno mismo, pero que provoca un gran sufrimiento interno generado a nivel psicológico sin que exista ningún motivo o lesión física y en ocasiones mayor que el sufrimiento que provoca un dolor físico. Sin embargo, el dolor emocional y el físico están vinculados, de forma que un dolor emocional muy intenso o prolongado en el tiempo puede generar alteraciones físicas reales, es decir que en realidad se puede somatizar el sufrimiento emocional y muchas veces lo padecemos sin saberlo… buscando curas a padecimientos físicos a través de solamente la medicina cuando la cura está en localizar la fuente del dolor emocional.

¿Somatizar… que es eso?

Es convertir el sufrimiento originado a nivel psicológico en una lesión física, pudiendo aparecer diversas sintomatologías físicas en diferentes partes del cuerpo, como por ejemplo, dolores musculares, dolores de espalda, problemas en la piel denominados psicodermatosis, alopecias aeratas, vómitos, diarreas, episodios febriles, cefaleas y mareos. También pueden aparecer problemas gástricos o disfunciones sexuales como disfunción eréctil o pérdida de la libido, bloqueos en funciones básicas e incluso perder la sensibilidad de alguna extremidad.

Les juro, sin ánimo de exagerar o ponerle más salsa a los tacos, que si se tratara de una lista de cosas por hacer o experimentar, podría darle check a «casi TODO» lo anterior y mientras escribo esto se me llenan los ojos de lágrimas de recordar cuánto he recorrido sin entender, buscando respuestas donde no las habían y ahora finalmente puedo ver de qué se trata… y aunque considero que apenas empieza mi camino hacia la solución, sé que sólo el hecho de PODER VER de qué se trata, me permite conectar con la certeza de lograrlo.

Lo cierto es que independientemente de la causa, el dolor emocional puede tener su origen en no saber gestionar las situaciones por no disponer de recursos psicológicos de afrontamiento adaptativos y resilientes… algo que puede ocurrir en la infancia en momentos en los que nos vemos sometidos a eventos fuertemente emocionales en los que no tuvimos la guía y el soporte adecuado para lidiar con ello de forma saludable. Pero también seamos claros al decir que todo lo que nos ocurre no es más que una elección propia por parte del Alma para nuestro proceso de aprendizaje y misión de vida, que en mi caso tiene todo que ver con aprender a sentir. Y ahora tengo claro que la misma energía me ayuda a equilibrarme, el hecho de no sentir dolor físico era necesario para poder lidiar con mis dolores emocionales… de no ser así, simplemente no imagino como podría haberlo tolerado por tanto tiempo jajaja

Causas del dolor emocional

Existe una cantidad prácticamente ilimitada de situaciones externas o internas que pueden generar este sufrimiento que en ocasiones puede llegar a ser insoportable. Las causas del dolor emocional son 100% psicológicas y generalmente se asocian a algún tipo de experiencia estresante de origen externo, como podría serlo la pérdida de un ser querido, rupturas y desengaños amorosos, peleas y conflictos serios con seres queridos, una situación de ruina económica, la pérdida del hogar, ya sea por una catástrofe o una situación de guerra, un cambio de ciudad, el despido de un trabajo, etc.

y cuando se trata de un origen interno, encontramos ciertas vivencias o interpretaciones que provengan de nosotros mismos, errores en la gestión de nuestras interpretaciones, pensaientos y creencias ciertos rasgos de personalidad (y aquí encontré mis respuestas principalmente), alguna psicopatología, la pérdida de capacidades por parte de la persona, la aparición de una enfermedad grave, crónica o incluso terminal, miedos o un fuerte vacío existencial.

El problema aquí, es que el dolor emocional pierde su capacidad adaptativa cuando se convierte en un sufrimiento de gran intensidad permanente o prolongado en el tiempo y supera nuestras capacidades y recursos personales para regresar al equilibrio psicológico, pues cuando no podamos gestionarlo por nosotros mismos, el dolor se va haciendo cada vez más intenso o tan duradero que limita nuestra vida hasta incluso hacer que seamos incapaces de adaptarnos a la nueva situación emocional en la que nos encontramos, lo que fácilmente nos puede llevar a la depresión profunda.

De hecho, el suicidio, es un fenómeno al que nuestra sociedad no presta suficiente atención y es una de las consecuencias del dolor emocional y no tanto del dolor físico. Así que les pido, que si han llegado a tener pensamientos o deseos de dejar de vivir, puedan hablarlo y pedir ayuda!

¿Cómo gestionar el dolor emocional?

Esto irá dependiendo del caso de cada persona, detectando sus heridas y la profundidad o gravedad de las mismas, sin embargo, podemos decir que el dolor emocional requiere un tratamiento específico con apoyo o acompañamiento psicológico y espiritual, para ayudar a la persona a entender el para qué de pasar por esta experiencia, pues como siempre les digo… no hay mejor milagro que poder ver y entender para conectar y poder resolver de forma consciente en vez de evadir o insistir en poner venditas.

La característica principal del dolor emocional es que los tratamientos farmacológicos suelen ser poco efectivos y aunque no voy a ir en contra de la elección de cada persona, sinceramente es algo que ¡NO RECOMIENDO!

A lo que yo apuesto y que puedo decir que en base a mi experiencia ha sido fructífero en mi propio proceso… es que lo primero que tenemos que hacer es reconocer su existencia y no negarlo, esto significa ver y es aquí donde el milagro comienza a ocurrir o mejor dicho empezamos a hacer que suceda. Obviamente, teniendo en cuenta que cada experiencia dolorosa requiere un proceso distinto en tiempo y estrategia para cada quien.

Segundo, debemos permitirnos sentirlo y no evitarlo o esconderlo; y quizás sea lo más difícil o a lo que más resistencia pongamos (al menos así fue para mí), pero una vez podemos rendirnos ante el dolor no como una derrota sino desde la aceptación de que es un hecho en nuestra vida, podemos empezar a valorarlo como algo que puede ser natural, útil y muy poderoso.

Por ejemplo: si perdemos un ser querido, una ruptura amorosa o algo similar… es normal pasar un duelo con un grado de sufrimiento, lo importante es pasar las fases del duelo de forma sana, de esta manera, con el paso del tiempo nos adaptaremos a la nueva situación emocional, y poco a poco gestionemos y superemos nuestro dolor.

«No se trata de no sentir o que nada nos duela»

Lo más sano será identificar el evento externo o los aspectos internos que han generado el sufrimiento emocional y luego pasar a permitirnos expresarlo y que fluyan las emociones, procurando no vivirlas con angustia o resistencia sino como algo natural y pasajero. Al inicio del proceso es posible que necesitemos una pausa, así que porfavor tómense esa pausa como una parada para asumir el nuevo camino o proceso que dará alivio al dolor experimentado durante tanto tiempo.

Conforme vamos avanzando y seguimos adelante con nuestro día a día, tomando en cuenta ser pacientes y bondadosos con sigo mismos, encontramos nuevas rutas que enriquecen nuestra experiencia al momento de conocernos mejor, aprender a escucharnos y atendiendo nuestras necesidades… esas necesidades que quizás antes no entendíamos o no habíamos podido ver.

«Vivir el presente, un día a la vez… se paciente contigo»

Hay que tener claro un aspecto, si aceptamos el dolor emocional y comprendemos que hay que reconocerlo e interpretarlo igual que reconocemos y tratamos a nuestro dolor físico, estaremos dando el primer paso para solucionarlo y evitar que el sufrimiento vaya a más. Conforme comprendemos el origen del dolor, podemos determinar el tratamiento y eso, señoras y señores… ¡eso es AMOR PROPIO!

Por otro lado… sepamos también que si padecemos somatizaciones como resultado del dolor emocional, no servirá únicamente un tratamiento médico de esos síntomas. De manera que pretender ir al médico y tomar la medicina no resolverá del todo el problema ni a nivel interno ni externo… no será posible una recuperación física completa, a menos que se trate la causa emocional, de otra forma los síntomas físicos reaparecerán de forma recurrente.

En síntesis, podemos decir entonces, que el dolor emocional merece la misma atención que el dolor físico. Y en base a mi proceso, puedo decir que crearnos una máscara o un disfraz que nos ayude a integrarnos con el entorno pareciendo ser felices o que todo está bien, es algo que no funciona a largo plazo, que nos hace sufrir más y sobre todo que drena mucho nuestra energía. También sé lo difícil que puede ser mostrarnos vulnerables o el simple hecho de aceptar que algo no esta bien… pero es el primer paso y uno muy necesario.

Porfavor… no debemos menospreciar nuestras heridas emocionales, ni las de los demás… o pretender que éstas sanen solas por arte de magia. Existen para que aprendamos de forma consciente a sanarnos a sí mismos y a conectar con nuestras emociones principalmente, de una forma profunda pero sana.

Aún tengo mucho que compartirles al respecto… así que no se pierdan los próximos posts. Y si se perdieron el curso en vivo de Las heridas emocionales de la infancia que llevamos a la adultez, aún pueden acceder a él en su formato de clase grabada.

Les dejo un fuerte abrazo y los espero por aquí pronto.

2 comentarios sobre “Dolor emocional…

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