CURSO/ La mochila que cargamos: heridas emocionales de la infancia que llevamos a la adultez

Por: Stefanie Peláez

Sí… todos hemos padecido de dolores causados por heridas, todos hemos vivido el proceso de dolor y sanación aunque para unos pareciera que ese alivio nunca llega, ese dolor se vuelve eterno crónico o aveces es algo más como la marea que viene y va.

Yo he sido testigo de ello en mi propia vida y he de decir, que en el paso por el proceso, en ocaciones realmente me sentí perdida en el malestar, sin entender claramente por qué o para qué existía esto en mi vida. Como saben, la base de mi práctica es la Kabbalah, en la que aprendí que el «entender» es justamente lo que nos lleva a la puerta de salida hacia la plenitud. Y aunque mi caminar en el mundo de las emociones apenas empieza a ser más claro o menos brumoso, quisiera compartir que la pieza clave para poder empezar un caminar con rumbo se encontraba en mi infancia y sé que para muchos de ustedes esto puede ser de la misma forma, o al menos, algo parecido.

Partamos entonces por abordar el concepto de «herida emocional»… se trata de lesiones, es algo similar a las lesiones físicas, con la diferencia de que estas ocurren en la psique y en su mayoría son originadas en la niñez, repercutiendo significativamente en nuestro desarrollo como adultos.

Puede que exista un amplio catálogo de heridas jajaja, pero en esta colección especial de artículos, abordaremos las más comunes o frecuentes y exploraremos cómo superarlas.

«Y es que las heridas emocionales de la infancia anuncian o vaticinan, en gran parte de los casos, cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos».

Entonces se trata de lesiones psíquicas, fragmentos sueltos y mal curados que nos impiden llevar una existencia plena e incluso, muchas veces, afrontar los pequeños problemas del día a día.

Conforme pasa el tiempo, esas heridas psicológicas van mostrando señales como:

  • Ansiedad
  • Pensamientos obsesivos
  • Desórdenes del sueño
  • Estar constantemente a la defensiva
  • Duda constante ante sí mismo y hacia el mundo en general
  • Y en general cierta vulnerabilidad hacia determinados trastornos que pueden ir desde la alimentación, hasta adicciones, compulsiones, etc.

Así que seamos sinceros, y sin ánimos de ser dramática les digo… NO ES FÁCIL lidiar con un pasado traumático. Y ante esto las personas solemos evadir, buscar distractores en un intento de seguir adelante con nuestra vida haciendo de cuenta que no pasó ni pasa nada, en vez de asumir… algunas veces porque no nos atrevemos y otras simplemente porque no sabemos cómo. En lo que no reparamos, es que, SIGUE SIENDO DIFÍCIL Y AÚN MÁS, cuando esas marcas se originaron en una edad temprana…

«Porque en aquel momento no éramos lo suficientemente maduros o no contábamos con el apoyo y herramientas para resolver… en cambio, hicimos lo que pudimos y metimos todo en la mochila con tal de tratar de seguir adelante».

En la primera etapa de la vida, donde carecemos aún de estrategias personales para manejar y entender ciertas dimensiones y sobre todo la «dimensión emocional» (suena de fondo tema de la dimensión desconocida jajaja)

Y así, de alguna forma, es muy frecuente que experimentemos cinco clases de experiencias dolorosas que adquirimos en la infancia y que terminarán dejando rasgos muy evidentes en nuestra personalidad.

Así que la pregunta es…

¿Por qué y cómo surgen las heridas emocionales?

A veces, esas heridas son adquiridas gracias a un pasado de nuestra infancia realmente duro y difícil. En casos como este, los responsables o principales cuidadores afectivos del niño suelen ser maltratadores, negligentes o estar definitivamente ausentes.

En otros casos, la herida emocional se origina por una interpretación distorsionada de la realidad por parte de nosotros cuando niños. Y esto no es para culparnos o sentirnos peor… después de todo hay que saber que los niños no cuentan con un aparato psíquico lo suficientemente desarrollado que les permita interpretar lo que perciben y sienten de forma correcta. Por tanto, un simple descuido por parte de los padres e incluso del entorno… puede desembocar en una interpretación realmente catastrófica para el niño. Y si a esto le sumamos falta de comunicación, de buscar explicar o aclarar al niño lo que ocurre, podríamos decir que el niño se crea una película que puede ir teniendo una maratón de secuelas conforme va creciendo.

En síntesis podemos decir entonces que:

«Las heridas emocionales tienen origen por una o varias experiencias negativas o por malas interpretaciones de los hechos vividos en la niñez».

Y sea como sea, experimentando o mal interpretando, esas vivencias dejan una huella afectiva que, se abre camino y termina repercutiendo en nuestro comportamiento de adultos.

Así que en base a lo anterior… pasemos a explorar cuáles podrían ser esas cargas que llevamos en la mochila y que se traducen como nuestras heridas de infancia. Para lo cual he dividido en diferentes clases en formato de lectura y video cada tema a tratar… espero que sean de utilidad y puedan sumar a tu proceso de sanación.

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