Transformar el dolor…

Por: Stefanie Peláez

Continuando con los posts anteriores, ( La mujer y el dolorGestando el dolor ) les decía que llegado a este punto, resumo el dolor físico y emocional como la desvalorización con la que vivimos nuestra feminidad bajo la creencia colectiva, consciente o inconsciente de que la experiencia de encarnar en el mundo físico es un castigo… ¡el famoso destierro del paraíso!

¿A qué me refiero con esto?

Lo resumo con una breve anécdota de lo que hasta hace unos años era mi sentir y pensar:

No me pregunten por qué, porque no tengo consciencia de una causa clave o en base a un evento específico… pero desde pequeña mi concepto respecto a ser niña tenía que ver como algo difícil, duro, sufrido y complicado a diferencia de los niños. 

No tengo idea de por qué pensaba esto, pero fue así por muchas décadas, incluso cuando viví la etapa de la maternidad. Recuerdo que en mis dos embarazos di las gracias el día que me enteré que eran niños, porque me sentía en paz de pensar que sus vidas no serían complicadas gracias al hecho de ser hombres!!!

Insisto, no tengo idea de por qué, no se si tenga que ver con que mi clan esté formado de mujeres que les tocó hacerse cargo del papel de padres y madres a la vez. Hubo mucha ausencia de hombres en mi clan pero sin duda la energía masculina estuvo presente porque todas hemos sido mujeres de acción. 

Pero el asunto es que por mucho tiempo creí fielmente que era más fácil ser hombre… y que a mi me había tocado mala suerte jajajaja

Fue así hasta que se me ocurrió la brillante idea de empezar a sanar el dolor personal… claro después de haber culpado a todo lo posible a mi alrededor, haberme quejado y después de un buen tiempo de sufrir en salmuera en el victimismo. 

Un día un amigo me dijo: ¿vas a esperar a que se te pase o vas a hacer algo para que pase?

Así que empecé a asumir y el proceso, me encontré con algo que se llama “poder personal” y otra cosa que se llama “amor propio”

¡Bendito sea el amor propio!

Quienes me conocen saben que acostumbro nadar en las aguas de la sabiduría kabbalística y debo confesar que fue en esas aguas que aprendí a nadar y ahora empiezo a aprender a bucear… Las Escrituras Sagradas nos dejan un mapa que nos señala un sin fin de tesoros que traduzco como Luz que ilumina nuestras vidas, pero hay que tener valor y determinación para seguir el mapa y luego atreverse a desenterrar el tesoro. Y detrás del dolor hay un gran tesoro y por ello nos conviene aprender de él, escuchando, permitiéndonos sentir… pero aclaro, no se trata de aguantar, sino de sumergirnos en ese torbellino que no sólo nos duele en el vientre y la cintura, sino en el alma misma, porque es de allí de donde brota y hasta no ser escuchado y entendido desde la propia alma, seguiremos regresando a él una y otra vez, generación tras generación… Así que no discutamos, quizás aún necesitemos ayuda de la pastilla, el té y una bolsa de agua caliente, pero seamos proactivas y utilicemos a nuestro favor esa conexión directa y natural que poseemos con la esfera de Binah «el Entendimiento» y en vez de evadir o huir del dolor, acudamos a lo que sea que elijamos para calmarlo sólo después de haberlo escuchado atentamente sin temor, sin repudiarlo… porque después de todo está tratando de enseñarnos, de despertarnos a la realidad de nuestro gran poder sobre humano de moldear la realidad en la que coexistimos.

A través del estudio y práctica personal, he llegado a entender que en cada encarnación venimos fragmentados “ilusoriamente” y parte de nuestra misión o experiencia de vida es venir a encontrar las piezas para integrarlas de nuevo a nivel de consciencia. La energía femenina tiene muchas piezas, no es que seamos complicadas, pero tenemos muchas facetas que integrar. La Luna como principal guía de la energía femenina nos deja ver una gran muestra de las diferentes facetas que conforman nuestros ciclo, incluyendo “la vida y la muerte”.

Así que la Luna es la primera guía de la cual podemos y deberíamos dejarnos enseñar… alinearnos al ciclo o comprenderlo a través de nuestra experiencia es uno de los primeros pasos a la sanción de la energía femenina. La Luna nos enseña que los ciclos son parte de la vida y que nos sirven de guía para aprovechar la energía disponible o gestionar de manera inteligente y adecuada, nuestra propia energía.

Sanando la energía femenina: La Luna 

En Astrología Kabbalística estudiamos a la Luna como pieza fundamental y necesaria de integrar, respecto a la energía femenina. La Luna nos habla de las emociones primarias, el pasado, la maternidad, nuestra relación con la madre y nuestro desempeño como madres… nos habla incluso de la alimentación, es el símbolo de lo femenino por excelencia, del hogar, la familia y finalmente de la consciencia de todas las piezas ya integradas que nos hacen experimentar el ser mujer.

Cuando maduramos, reconocemos, aceptamos y hacemos nuestras todas las facetas, nos convertimos simbólicamente en la Luna… cosa que puede tomarnos toda una vida o incluso varías vidas.

Dentro de la energía Lunar como representante del femenino, se incluyen una serie de energías que requieren interiorizarse para cultivarnos y transformarnos en mujeres integradas y maduras… cosa que no tiene que ver con la edad, pero si con la experiencia y consciencia que vamos adquiriremos en la vida y en las encarnaciones.

Así que para sanar por completo el femenino, tenemos que reunir a las diosas que llevamos dentro…

Sanando el deseo: Venus 

Tomamos en cuenta a Venus como nuestro deseo y amor propio, muy importante de comprender, recalibrar y sanar por cierto… Venus simboliza la búsqueda de la armonía a través de las relaciones, las cosas que nos gustan, lo que nos atrae, nuestro deseo de relacionarnos personal y socialmente, así como la necesidad de sentirnos deseados y nuestra capacidad para atraer a los demás. Venus se asocia a la sexualidad receptiva y al impulso femenino. Respecto a la mujer, Venus (sensual) y la Luna (maternal) revelan aspectos importantes de nuestra identidad femenina.

Sanado la capacidad de nutrirnos y manifestar: Ceres

Ceres es la diosa de la agricultura en la mitología. Ella controla las estaciones y los recursos y enseña a cultivar la tierra y a cosechar el trigo. En astrología, Ceres representa la productividad. Interviene en los procesos implicados en la transformación de la materia prima en producto final. Y en la distribución de los frutos, ya sean alimentos, materiales, ideas, etc.

Está relacionada con lo cotidiano, los ciclos cortos y repetitivos y lo profesional. Tiene que ver además con la nutrición, el alimento… pero no solo con lo que comemos sino la manera de alimentarnos a través de lo que absorbemos del entorno, lo que vemos, escuchamos. El cuidar y proteger a los demás; enseñarlos, como la diosa en la leyenda, a nutrirse (de trigo, como en el mito, o de ideas, conceptos o incluso emociones). De la misma forma que en su día alguien nos enseñó a nosotros.

Guarda relación con el pasado y lo tradicional.

Sanado a la guerrera interior: Palas

Palas Atenea era la diosa virgen de la guerra justa y de la sabiduría, protectora de la ciudad de Atenas. Simboliza a la mujer guerrera que usa como armas la astucia y la estrategia y que antepone la razón a las emociones. Palas combina el intelecto y la estructura mental con la creatividad y la intuición. Se lo relaciona con la capacidad artística y la inteligencia creativa. También con la eficacia, la utilidad y el perfeccionismo.

Nos habla de nuestra habilidad para resolver problemas, de la capacidad para aprovechar los recursos, afrontar las adversidades y defender lo que se considera digno de defensa.

Sanado la capacidad de compromiso: Juno

Juno era la diosa del matrimonio en la mitología romana, al igual que Hera lo era en la mitología griega, esposa de Júpiter, fue capaz de ver a través del velo de nubes que envolvían al planeta y decubrir su verdadera naturaleza.

Trata sobre el apoyo y respeto mutuos necesarios para el equilibrio de las relaciones, sociedades, matrimonio y todo tipo de asociaciones en las que ambas partes deben participar y aportar algo a la vez que salir favorecidas. Se relaciona con temas como la capacidad de compromiso, los celos o la lealtad.

Algunos lo relacionan también con la maternidad, así como con la belleza y la estética.

Sanado nuestra llama o fuego interno: Vesta

Vesta, hija de Saturno y Rea, era la diosa romana del fuego del hogar, de la unión familiar y de las tradiciones.

El fuego del hogar hace referencia al fuego central que antiguamente había en las casas y edificios públicos. Incluso las ciudades tenían su propio hogar o fuego central que debía permanecer encendido. A las vestales, que eran las secerdotisas encargadas de mantener el fuego del altar encendido, fueron las sumas sacerdotisas que curaban a través de la energía lunar.

La energía de Vesta favorece la creatividad y expresión sexual y que ayuda a curar ciertas heridas del pasado que no nos permiten vivir de forma apasionada e intensa. Representa el refugio y abrigo, donde nos sentimos seguros y a salvo, representa el ideal de hogar confortable y permanente donde echar raíces. Se relaciona con la familia, con el fuego interior que debemos mantener vivo… el fuego del espíritu.

Se trata de la capacidad para focalizar la energía creativa hacia metas y aspiraciones personales. Y donde hay tanta dedicación son necesarios periodos para recargar las pilas.

Sanado las energías reprimidas: Lilith

La Kabbalah explica que Lilith fue la primera mujer de Adán que fue creada de la misma forma que él, no de su costilla como Eva. Esto nos habla de una mujer independiente, que no es sumisa, que reclama igualdad y emana un gran poder femenino muy fuerte y agresivo. Lilith representa energías relacionadas a las aberraciones, las represiones, la aversión, la misoginia, el suicidio, la promiscuidad, los abortos accidentales y los abortos voluntarios o inducidos, el vacío, la rebeldía, la emancipación, la liberación, el feminismo, los celos, el misticismo, la espiritualidad, la magia, la seducción, la manipulación psicológica…

Lilith o la Luna Negra, se refiere a la fuerza oculta que nos conecta con un lugar en la psique que ha sido negado, que tiene una fuerza ahí y que encarna en nosotros de una manera muy visceral, muy emocional y nos irrumpe de una forma tan fuerte que sacude nuestro inconsciente. Lilith es el inconsciente mucho más oculto, mucho más negado, mucho más reprimido… el que nos inclina a explotar en rabia, ira, celos, infidelidad e incluso a degradarnos sexualmente brutalidad y autosabotaje.

Con la Luna Negra nos vinculamos con ese aspecto también que pudo haber sido negado por nuestra madre. Es decir que hay información del linaje familiar que no se ha procesado y trascendido.

Lilith es el arquetipo de la maternidad frustrada, de la hipersexualidad que busca destruir al masculino degradando al femenino a través de un falso empoderamiento.

Así que con esto ya tenemos una buena idea de las pistas que nos llevan a reunir las piezas que necesitan sanar e integrarse, para reconocernos, equilibrarnos y recuperar conscientemente nuestro gran poder femenino.

Y recuerden… ¡si sana una, sanamos todas!

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