Lo que se rompe se transforma…

Cuando nos toca enfrentar muchas cosas duras, la naturaleza humana nos hace pensar que nos están castigando y que seguramente hicimos algo para merecerlo o por el otro extremo que no hicimos nada malo para merecer tal castigo. Cuando reconocemos nuestros errores desde el victimismo es fácil autocastigarnos lo que resulta en otra forma en la que el EGO aprovecha para alimentarse y no dejarnos avanzar.

Pero cuando nos equivocamos a pesar de seguir las reglas del juego es aún más difícil comprender por qué nos pasa lo que nos pasa!!!

Podemos haber recorrido el camino y seguido las indicaciones y los lineamientos correctos; estudiar, llenarnos de sabiduría y aplicar cada día lo aprendido, compartir con otros y enseñar lo que hemos aplicado, entendido y comprobado, esforzándonos por transformarnos en mejores seres y quizás podríamos estar viviendo una vida en la que creemos que hemos hecho todo lo que “Dios nos pide» y en el fondo creer que hacer ese trabajo bien hecho nos garantiza que todo estará bien…

“Lo cierto es que en nada de eso que creemos que hacemos hay garantía”

Podríamos decir que no pedimos que todo sea bueno todo el tiempo, pero que si cumplimos con hacer el esfuerzo de ser “buenos”, de alguna forma exigimos al menos lo justo de vuelta!

— Pero la misma Kabbalah ampliamente nos explica que la vida simplemente es lo suficientemente dura para rompernos y sacar de nosotros lo mejor.—

La justicia es un concepto que para la humanidad es complejo de entender, empezando porque no terminamos de asimilar las «Leyes Cósmicas de la Creación» y luego sin esa base pretendemos crear leyes para mantener el orden y lo que nosotros creemos que es justicia; pero la misma Torah nos expone que ninguno de los patriarcas que fueron aquellos hombres sabios e importantes que realizaron hazañas increíbles y heroicas, vivieron un momento de justicia como la percibe el hombre común; pero sí nos aclara que fueron testigos de la justicia divina que al final de cuentas es la ley absoluta.

Si revisamos los escritos podríamos decir que no fue justo que después de que se le prometiera un hijo a Abraham y Sarah y que cuando finalmente ella tenía 90 años y lo tuvo, Dios les pidiera sacrificarlo… Como tampoco aparentó ser justo que después de que Moshé liberara a un pueblo completo de Egipto y lo llevara a través del desierto hasta la Tierra Prometida al final no cruzara las puertas y muriera en el umbral.

De qué sirve entonces ser «bueno», seguir las reglas, portarnos bien, de qué sirve tanto esfuerzo; si los patriarcas pasaron por esta clase de cosas, qué podemos esperar nosotros entonces?!?!?!

Y así podríamos encontrar lo que nosotros consideramos injusticias, una a una a lo largo de la Torah y ver claramente que «NADIE» vivió una vida libre de dolor o angustia; y si ellos que son los personajes más importantes del manual para la vida, vivieron vidas así…

¿por qué nuestras vidas deberían ser diferentes?

«Todo se trata de aprender a creer antes de ver en vez de querer ver para poder elegir creer».

Hay algo que tenemos que entender en todo esto y es que si la gente solo creyera en Dios cuando las cosas van bien, podríamos garantizar que después de que la humanidad experimentara guerras, persecuciones, holocaustos y todas las matanzas de las que hemos sido testigo, no quedaría nadie con fe en el poder de la Luz del Creador y a estas alturas ya «NADIE» creería en Dios. Simplemente la fe no es verdadera si solo creemos cuando las cosas están bien y esto es lo que muchas veces nos toca aprender, nos ponemos a prueba porque es muy fácil sentir certeza cuando todo es comodidad y armonía, pero no vemos la verdad en nosotros y en lo que depositamos la fe hasta que enfrentamos lo incómodo y atravesamos las dificultades y salimos del túnel con la misma certeza que experimentamos cuando todo estaba bien.

Es real que en el mundo pasan cosas terribles, maravillosas, devastadoras o inspiradoras; y tal vez no sepamos por qué o no podamos entender por qué algunas personas viven y otras mueren, tal vez nunca lo sepamos con certeza, sobre todo si no buscamos la forma de entender cómo funciona La Creación, quiénes somos en realidad y qué venimos a hacer aquí… así que depende de nosotros elegir creer en Dios y en la bondad o podemos creer que nada en esta realidad tiene sentido y que es cruel y al azar y que todo resulta ser un mal chiste.

¿Eres feliz?… o tal vez estas sintiendo mucho dolor que te impide creer que puedes serlo… sientes dolor ahí en el corazón, donde yo también lo he sentido y por eso sé de qué te hablo; es tan fuerte al punto de sentir que morimos de una forma tan lenta que es “injusto”, es un dolor que “parece” insoportable… pero desde mi experiencia puedo decirte que estoy viva y me doy cuenta de que al final todo se puede y es seguro que nos quebramos y es necesario hacerlo para que nuestra parte más fuerte salga y dejemos de ser víctimas de lo que creemos una “injusticia”.

El dolor puede ser inimaginable pero lo cierto es que lo sentimos y si lo podemos sentir es real para nosotros… el dolor nos viene a recordar que estamos vivos y que por mucho tiempo lo hemos olvidado y por eso duele tanto; nos duele saber que llegamos hasta ese punto tan doloroso y terrible por vivir en automático y de esta forma dejamos que algo más que no somos nosotros, tomara el control de nuestra vida!

Conozco ese sentimiento y en algún momento levante mi voz y reclame al Cielo llena de ira… y después de descargar todo con gritos y llanto me di cuenta que Dios no era ni es indiferente a mi dolor, así que tampoco lo es al tuyo.

La Kabbalah me ha enseñado una lección muy grande sobre el “Tikún Olam” que es una frase en hebreo – arameo que significa «Reparar el mundo» y que explica que el mundo está lleno de cosas rotas y es nuestro trabajo arreglarlas, pero empezando por nosotros mismos. ¡Es cierto!… el mundo está roto, lleno de dolor y necesidad de llenar vacíos y es nuestro trabajo arreglarlo a través de nuestra propia corrección cuando asumimos la responsabilidad de ser conscientes cada segundo de nuestra vida y desactivar el piloto automático. Cuando corrijo mis errores y me responsabilizo por las consecuencias, cuando sano, me cuido y respeto mis sanos límites, cuando entiendo que para compartir incondicionalmente primero tengo que haberme llenado de amor, apreciación y valor propio.

Sí… nos rompemos y nos rompemos maaaal y duele horribleeeee, pero el corazón no se rompe por gusto o por simple tragedia; se nos rompe para liberarnos de las cáscaras de las envolturas del EGO que nos hace creer que somos algo que no es ni será nunca real. Y al romperse duele de maneras que jamás habíamos imaginado, nos quebramos y sentimos la muerte pero lo que en verdad experimentamos es la muerte del EGO; sentimos que morimos y que no podremos más, pero luego nos damos cuenta que seguimos aquí y que nos hemos transformado.

Nuestro corazón se rompe, nuestra vasija se rompe y queda en pedazos pero eso no quiere decir que todo se ha perdido, era necesario porque si nuestra misión es venir a reparar algo, para poder llevar a cabo cualquier reparación primero se tenía que arruinar o en este caso romper…

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Hace unas semana leí sobre la técnica japonesa «Kintsukuroi» la cual trata sobre la reparación de la cerámica cuando se rompe. Los alfareros toman la pieza y las reparan utilizando una pasta de “oro”. Ellos creen que cuando algo se ha roto y tiene historia, se vuelve más hermoso y por eso vale la pena ser reparado rellenando sus grietas con oro y así en lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y se celebran ya que ahora se han convertido en prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia; la capacidad de recuperarse y hacerse más fuerte. Los japoneses ven la reparación como algo hermoso porque saben que lo inesperado ocurre y que algo tan frágil como la cerámica puede romperse pero no por eso se da por perdida.

Después de todo “el cambio ocurre”, esta destinado a ser así aunque nos resistamos a ello…

La Kabbalah nos habla de lo mismo, no intenta convencernos de que si aplicamos sus herramientas será fácil y nuestro mundo se llenará de arcoiris y unicornios. Por el contrario nos asegura que nadie supera este mundo en una sola pieza y que será doloroso pero que aún así eso no nos hará menos, sino que nos hará crecer hasta lo más grande que podamos ser; el cambio nos invita a la transformación y así como la mariposa se convierte en un ser que puede volar para llegar alto y lejos, así nosotros al descubrir nuestro más alto potencial podemos lograr lo mismo.

Nos duele porque nos resistimos y en lugar de hacerlo voluntariamente, elegimos que el Universo nos empuje y nos presione a hacerlo, pero si aún así no tomamos acción llegamos al límite en donde es necesario que se nos pongan las circunstancias ideales para romper con nuestras limitaciones.

Y luego de que nuestro corazón se ha roto, las grietas pasan a ser parte de nuestra historia y siempre estarán con nosotros, pero ya no tienen que doler si logramos ver que nos hicieron mejores, que nos hicieron más fuertes…

«que nos convirtieron en algo nuevo»

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Y así como el arte del «Kintsukuroi» en Japón, si permitimos que la «Luz de nuestra Alma» repare nuestras grietas como «el Oro» a la cerámica, podemos renacer como seres nuevos, hermosos, fuertes y mejorados.

— Recordemos que el alma no siente dolor y nada puede romperla o destruirla y por ello tiene el poder de auto sanarnos.—

Si han estado pendientes de las publicaciones de los últimos meses saben que hemos llegado a otro final de temporada en la historia de nuestra vida y tal vez muchos de nosotros tuvimos que rompernos para poder deshacernos de lo que ya no vibraba igual a como vibramos ahora y quizás también teníamos muchas reparaciones que hacer desde hace mucho tiempo, pero ahora estamos listos para iniciar e intentar de nuevo… pero esta vez de forma más consciente, para crear una vida nueva que resulte en un final que no requiera pasar por el dolor nuevamente.

«No olvidemos que la vida nos seguirá poniendo giros inesperados, pero podremos maniobrarlos si somos nosotros quienes vamos al volante».

Esta es mi conclusión personal y con la que doy cierre a este año antes de recibir Octubre, el mes oficial del Otoño que nos invita a ver cómo caen las hojas después de haber cumplido su propósito de llenar las copas de los árboles y ahora se retiran para dar paso a la nueva vida que surge a través de su muerte.

Doy gracias y me despido de un año que me dio lo necesario para recordar que estoy viva y ahora más despierta que nunca.

La Tefa.-

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